¿Qué tan importante son los servicios de consultoría e ingeniería especializada para sus proyectos de Centros de Datos?

 

Históricamente, la mayoría de las PYMES (pequeñas y medianas empresas) de la región rara vez contratan servicios de consultoría o ingeniería especializada para sus proyectos de centros de cómputo. En cambio, usualmente aceptan la guía y los “servicios gratuitos” de alguno de los integradores locales del mercado, sin entender realmente las implicaciones de esta manera de actuar. Por ello, en este artículo queremos que los encargados de los proyectos de centros de cómputo entiendan la importancia de adquirir los servicios de ingeniería especializada y consultoría de un experto agnóstico externo, y por qué se justifica hacerlo. Hacemos énfasis en las PYMES porque, tradicionalmente, la mayor parte de las grandes empresas o corporaciones sí recurren a los servicios especializados de terceros.

Este contexto histórico se da por varias razones, entre ellas:

a) Tradicionalmente, los presupuestos con los que cuentan las PYMES para adelantar sus proyectos de centro de cómputo son muy limitados. En muchas ocasiones caen incluso en el error de atender lo urgente antes de lo importante, e implementan parcialmente una solución en diferentes procesos y momentos. Algunos piensan, además, lo siguiente: “ya de por sí el presupuesto es poco para adquirir los equipos y el software requeridos, ni qué decir si se quisiera contratar servicios profesionales”.

También es justo decir que, en algunos casos, los responsables no hacen bien la tarea de justificar ante la alta gerencia la necesidad de un presupuesto mayor, de modo que la gerencia vea los proyectos del centro de cómputo no como un gasto, sino como una inversión para su negocio.

b) Como estrategia de negocios, muchos integradores locales (por no decir casi todos) les ofrecen “asesoría” y servicios “gratuitos” a los encargados de llevar a cabo estos proyectos en las PYMES; les brindan asesorías técnicas acerca de cómo, supuestamente, el cliente debería llevar a cabo el proyecto, y les suministran, “sin costo”, documentos base de licitaciones, pliegos o RFP, servicios básicos de evaluación –o assessment– de la infraestructura física actual, o incluso diseños “gratuitos” del nuevo proyecto.

También cabe destacar que, en las PYMES, muchos de los responsables no cuentan con el recurso técnico interno, el conocimiento ni el tiempo, para crear o ejecutar por sí mismos este tipo de documentación y de servicios.

c) Más recientemente se ha adicionado a este contexto el esquema “Cloud Computing”, o tercerización de los servicios informáticos (o de parte de ellos), con lo cual muchos piensan erradamente que, al tercerizar los servicios, es mucho menos necesario contratar servicios de consultoría e ingeniería especializada.

Sin embargo, sobre estas razones no hay nada más cercano a la realidad que lo que rezan los dichos populares “lo barato sale caro”, y “nada es gratis”, especialmente cuando se trata de negocios.

Cuando decimos “asesoría” y servicios “gratuitos” (entre comillas), queremos, por supuesto, denotar que esta estrategia comercial no tiene nada de gratuita, y que prácticamente nunca incorpora con objetividad los intereses del cliente final. Ninguna empresa da nada “gratis”, es decir, sin esperar algo a cambio. El diseño y las especificaciones técnicas que se entregan como un favor, valor agregado, por ser cliente especial, etc., en realidad están basadas en las soluciones y especificaciones de los productos que ese integrador distribuye y vende. Al aceptar el “favor”, el cliente acepta implícitamente la solución que ese integrador le ofrece, la cual no necesariamente será la más favorable a los intereses de su compañía.

En el mercado encontramos continuamente diseños y RFP basados en los intereses de venta de los productos que el integrador comercializa, pero que carecen de criterios objetivos y agnósticos frente a las necesidades del cliente. Por supuesto, esto no es algo nuevo para buena parte de los responsables de los proyectos; es más: muchos lo entienden y hasta lo aceptan porque han sido convencidos por el integrador de que esa “solución” es la que realmente ellos necesitan; algunos, incluso, creen que difícilmente el proceso podría hacerse de manera diferente.

Sin embargo, ¿cómo pueden estar seguros de que la solución que están aceptando implícitamente es la más conveniente para los intereses de su empresa, sin la verdadera asesoría, agnóstica y objetiva, de un tercero especializado? ¿Cómo pueden asegurarse de que la solución de tercerización que están contratando es realmente la más adecuada para el tipo de negocio y organización, para hoy y para los próximos años, sin la consultoría agnóstica de un tercero especializado? ¿Cómo estar seguros de cambiar los equipos de infraestructura –como dice el reporte de un assessment gratuito de un integrador– cuando justo los equipos que sugieren cambiar son los que ellos mismos distribuyen?

Además de no plantearse estas preguntas, lo que usualmente tampoco toman en cuenta los responsables que aceptan estas prácticas es que, en realidad, al aceptar los servicios “gratuitos” de un integrador o distribuidor gastarán más dinero del que pagarían si contaran con los servicios profesionales de un tercero objetivo y agnóstico. ¿Por qué? Simplemente, porque los diseños gratuitos siempre están sobredimensionados (o los informes gratuitos, acomodados), ya que, al no existir un estudio previo serio y objetivo de un tercero, el integrador dispone de menor información, se manejan mayores tolerancias en la capacidad de los equipos y se factorizan los imprevistos y desconocidos, todo lo cual causa capacidades mayores y, por ende, precios sobredimensionados de los equipos incluidos en la “solución”.

De acuerdo con los presupuestos que hemos podido recoger de múltiples proyectos que inicialmente no contaron con la intervención objetiva y agnóstica de un tercero, este sobredimensionamiento produce entre 30 y 40% de sobrecostos innecesarios sobre el valor total de las soluciones desarrolladas con “ingeniería gratuita” por parte de los integradores.

Por el contrario, al incluir los servicios profesionales de un tercero objetivo y agnóstico, el incremento en el presupuesto, a precios justos de mercado, usualmente oscila entre un 10 y un 15% del valor total de la solución. Es decir, al adquirir los servicios (de diseño, elaboración de RFP o evaluación del centro de cómputo existente, entre otros) de un consultor externo, objetivo y agnóstico, no solo se puede garantizar un mejor cumplimiento de los intereses del cliente, sino que se pueden obtener ahorros de hasta un 30% del costo total del proyecto.

Es importante aclarar que nos referimos a consultores agnósticos, es decir, aquellos que realmente no representan a ningún fabricante, ni distribuyen o venden equipos y software, sino que solamente proveen servicios profesionales de ingeniería especializada. En la medida en que el “consultor” tenga un interés diferente, como los aquí indicados, se desvirtúa la consultoría agnóstica y se pasa nuevamente al plano del integrador interesado en vender sus equipos. Solo un consultor agnóstico puede trabajar de manera objetiva por los intereses del cliente final, sin tener que pensar en cómo acomodar la consultoría hacia un producto o una solución de un fabricante en particular.

En conclusión, al contar con los servicios objetivos de un consultor especializado y agnóstico en los proyectos de centros de cómputo, en lugar de simplemente aceptar los servicios “gratuitos” de un integrador del mercado, no solo se obtiene una mayor garantía de cumplir con los objetivos e intereses del cliente final, sino que incluso se pueden obtener ahorros de hasta un 30% del costo total de los proyectos de centros de cómputo desarrollados por PYMES.

Por: Juan Carlos Londoño Z. – Ingeniero Consultor Senior – INGENIUM