K.I.S.S., Einstein y los centros de datos

 

Es normal, casi la regla, encontrarnos todos los días con proyectos de centros de datos, los cuales, más que cubrir una necesidad de negocio, cubren lo que podemos llamar un ego de ingeniería, según el cual, el fin más allá de la continuidad del negocio parece ser quién construye el centro de datos más complejo e imponente.

Hemos olvidado que, a lo largo de los años, la experiencia nos ha demostrado que en la simplicidad está el arte de la ingeniería. En un mundo de ingenieros, en donde la mayor parte del trabajo está delimitada por normas, estándares, buenas prácticas, cálculos y modelos, es importante no perder de vista un principio que debemos mantener y es tal como lo decía Einstein: «Todo debe hacerse lo más sencillo posible, pero no lo más simple».

La razón por la que me refiero a la sencillez en la ingeniería como un arte es por ser lo más difícil de alcanzar. El no buscar la sencillez está ocasionando que, en «pro» de la alta disponibilidad, cada vez construyamos infraestructuras más complejas, lo cual a su vez significa mayor complejidad en la operación.

La duda no es si un centro de datos va a tener un problema, si un equipo se va a caer o si su disponibilidad se va a ver interrumpida, porque con toda certeza podemos decir que en algún momento de su vida útil tendrá algún evento que pueda ocasionar una interrupción en la continuidad del negocio. La duda es simplemente cuándo sucederá y si estamos preparados para afrontarlo. Entonces es ahí donde dejan de valer las grandes y complejas infraestructuras creadas para respaldar los sistemas de las TIC y se vuelve fundamental una infraestructura simple de operar y recuperar.

Es importante también ser claros en que muchas veces, por no tener el conocimiento adecuado, se diseñan topologías para cumplir con normas o estándares (TIER, por ejemplo) que se alejan de la esencia de estas buenas prácticas al «sobre especificar» la infraestructura y tratar de aumentar la disponibilidad, objetivos que realmente no están logrando y que, más bien, ocasionan un problema en la futura operación. Claramente, un especialista con el criterio de diseño correcto puede generar la sinergia entre lo requerido por las normas TIER, la disponibilidad necesaria y la simplicidad.

Deberíamos tener siempre presente el principio KISS, el cual establece que los sistemas logran un funcionamiento óptimo si se mantienen simples. Este principio llama la atención por la claridad de su mensaje: «Keep It Simple, Stupid». Si no comprendemos la esencia de la frase de Einstein, pues fácilmente podemos entender lo directo de este mensaje.

Siempre es fundamental, cuando se está al frente de un proyecto de diseño, cuestionarse varias veces si realmente estamos haciendo un diseño con base en lo que necesitamos. ¿Hasta qué punto es importante aumentar la complejidad del sistema de forma innecesaria? Si bien es cierto que como ingenieros en un ambiente de innovación continua tenemos la obligación de estar siempre un paso adelante, de pensar «outside the box» y de implementar nuevas tecnologías siempre que se pueda, también es nuestra obligación tener el criterio suficiente para identificar cuál debe de ser el límite de un diseño y recordar que el centro de datos es una herramienta que nos ayuda a alcanzar un objetivo y no es el objetivo en sí.

El reto en todo esto es abandonar la idea de que los centros de datos son simples infraestructuras electromecánicas y que todos son iguales. Cuando se piensa de esa manera, indudablemente se está llegando al punto de la obsolescencia profesional, según la cual, si «tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo» (Abraham Maslow). Además, olvidamos el principio del arte de la ingeniería, que es la simplicidad.

Por ello, es fundamental que desarrollemos métodos, objetivos o criterios de diseño que tengan como principio fundamental la simplicidad, y evitar así cualquier complejidad innecesaria. Recordemos que «la mente es como un paracaídas: solo funciona si se abre».

Por: Octavio Delgado